La historia es un componente crucial de nuestra sociedad y nuestra cultura, por lo que es esencial conservar los recursos culturales para entender qué sucedió, por qué y cómo progresar.
El patrimonio cultural se refiere al conjunto de propiedades que incluyen monumentos, conjuntos y sitios. Este patrimonio cultural es el que establece nuestra identidad cultural. Y, lamentablemente, debido a la Segunda Guerra Mundial, gran parte del patrimonio cultural de numerosos países se perdió o fue devastado, por lo que se requería su recuperación y reconstrucción.
Además, debido al enorme progreso industrial, las actividades de otros sectores cayeron a un segundo plano, generando un notable desdén hacia ellos. Sin embargo, con el paso del tiempo, se despertó el interés hacia ellos.
La historia convencional está llena de grandes sucesos políticos, conflictos bélicos, hallazgos científicos… por lo tanto, el monumento estableció una tendencia, mientras que la historia contemporánea se centra en la vida diaria.
La UNESCO sitúa la arquitectura tanto en monumentos como en conjuntos, lo que significa que la arquitectura es un componente crucial de nuestra historia, albergando relatos, emociones, hallazgos, entre otros.
Antes de preservar, en este escenario particular, la arquitectura, primero debemos determinar su valor, si es cultural, artístico, histórico… Es imprescindible entender la obra y qué contribuye antes de llevar a cabo cualquier labor en ella.
No solo es necesario considerar lo físico en el patrimonio arquitectónico, sino también sus valores. Debemos entender: su materia, sus métodos de construcción, sus formas y dimensiones, los colores, los materiales, las texturas, el carácter, la utilización, el ambiente y sus significados. En conclusión, al preservar la arquitectura, no podemos suprimir su esencia.
Sin embargo, para preservar el patrimonio cultural, primero debemos considerar algunas herramientas legislativas y acciones de intervención.
Tres aspectos a considerar en el ámbito de las leyes son:

Este es el orden de las intervenciones que podemos hacer a un edificio, de la más suave a la que más acción hay que tomar y más cambios hay que hacer en la construcción del edificio.
- Preservar: es fundamental resguardar y mantener un edificio o componente arquitectónico histórico para asegurar su condición a largo plazo, de esta manera podemos prevenir el deterioro de la pieza.
- Mantener: ejecutar acciones periódicas y preventivas en edificios históricos para mantener su funcionalidad y su integridad física, lo que abarca actividades como: la limpieza, la regulación de la humedad, la corrección de fisuras menores, entre otras.
- Consolidar: fortalecer los materiales o construcciones que componen un edificio patrimonial y que muestran debilidad o peligro de derrumbarse.
- Reparar: arreglar daños particulares en un edificio patrimonial, restaurando su funcionalidad o rectificando sus componentes deteriorados sin requerir que se mantenga en su estado inicial.
- Restaurar: modificar un edificio o componente arquitectónico para restaurarlo a un estado que represente con exactitud su estado original histórico. Es imprescindible examinar los recursos y métodos del periodo inicial para asegurar la autenticidad.
- Rehabilitar: La rehabilitación de un inmueble patrimonial se fundamenta en adecuarlo para su uso actual, garantizando simultáneamente la preservación de su importancia histórica y arquitectónica.
- Reconstruir: volver a construir un edificio o una parte de él que ha sido completamente o parcialmente devastado, fundamentándose en documentos históricos, planos, fotografías o vestigios presentes. Esta práctica se lleva a cabo de manera meticulosa para preservar la esencia del inmueble.
- Anastilosis: este principio consiste en reconstruir el edificio o monumento arquitectónico empleando fragmentos originales que todavía están presentes, de esta manera podemos asegurar la autenticidad del trabajo.
- Ripristinar: devolver un edificio o una porción de él a su estado funcional y visual inicial, es decir, se asemeja a la restauración, pero con un énfasis en asegurar tanto la funcionalidad como el aspecto histórico.
Aunque un edificio no haya sido considerado patrimonio por ninguna entidad, es nuestra responsabilidad respetarlo y cuidarlo, ya que forma parte de nuestra história y de nuestra identidad. Si no cuidamos nuestro patrimonio, es como si estuviesemos destruyendo toda la vida que ha habido en esos lugares.


