IAR-Estel Fuster

En la tarde del 15 de abril del 2019 la catedral de Notre Dame sufrió un terrible incendio dejando a toda la ciudad de París desolada. Yo recuerdo haberlo visto en las noticias, con trece años, pensando que eso era un golpe durísimo a la ciudad e incluso al país entero. Ya de bastante joven, cogía cariño a edificios en los que no había estado, pero más que nada sentía pena por la identidad de París. Uno de los símbolos más importantes de la ciudad había sido parcialmente destrozado y yo no sabía cómo lo iban a arreglar.

A día de hoy, la catedral ya está restaurada por suerte y yo, por otra parte, ya sé que la catedral sí que tenía arreglo. Esa misma noche del incendio el presidente francés, Emmanuel Macron, prometió que la catedral sería reconstruida en 5 años. Después de muchísimo trabajo e inversión económica, la catedral ha vuelto a abrir sus puertas al público recientemente.

A pesar de que fue la primera catedral en tener el techo reforzado con hierro, este no pudo soportar las llamas. Primero se restauró la aguja que coronaba la catedral, seguidamente se instaló la cruz de oro y al final se colocaron las nuevas campanas que habían sido fundidas para los Juegos Olímpicos de 2024. Sobrevivieron al incendio la estatua de María, nuestra señora, y un órgano del siglo XVIII.

Notre Dame se abrió por Navidad al público después de estar cerrada los cinco años que ha durado su restauración. Tan solo se ha cerrado en Navidad en dos ocasiones más: la revolución francesa y la Primera Guerra Mundial.

Me alegra mucho saber sobre este final feliz.

Webgrafía: