IAR-Estel Fuster

Un lavadero, desde una perspectiva arquitectónica, es un espacio diseñado para la limpieza de ropa, con un enfoque en funcionalidad, materiales resistentes, y buena ventilación. En mi pueblo tenemos uno y mi abuela lavaba la ropa ahí. He escogido este tipo de edificio porqué es un lugar que frecuentaban las mujeres donde charlaban y se relacionaban. De hecho hay una expresion en catalán «fer safareig» que significa cotillear refiriendose a las conversaciones entre mujeres mientras lavaban ropa.

El lavadero fue principalmente diseñado para el lavado de ropa en grupo, fusionando en un único lugar la demanda de acceso a agua y la interacción comunitaria. En su diseño, la funcionalidad es esencial, con zonas dedicadas para lavar, enjuagar y escurrir. Los lavaderos utilizaban el agua fluyendo continuamente, a través de canales o estanques, garantizando un abastecimiento continuo y simplificando la limpieza.

Los materiales empleados en la edificación de los lavaderos evidencian su demanda de durabilidad y resistencia. El mortero, la piedra y el ladrillo eran materiales habituales, gracias a su habilidad para soportar la humedad constante y el deterioro. Las superficies de lavado, usualmente hechas de piedra o cerámica, eran sólidas y de fácil limpieza, creadas para resistir el uso intensivo diario.

Los lavaderos generalmente poseen un diseño abierto o semi-abierto, con el objetivo de maximizar la ventilación natural y prevenir la acumulación de humedad. Frecuentemente poseen techos livianos o estructuras revestidas que resguardan del sol y la lluvia, pero facilitan el paso del aire. El lugar se dispone alrededor de un área central de lavado, con estanques o pilas dispuestos de forma que varios usuarios puedan trabajar al mismo tiempo.

Históricamente, las fuentes de agua públicas se situaban de manera estratégica cerca de fuentes naturales de agua, como ríos o manantiales, o dentro de los sistemas de acueductos urbanos. No solo su ubicación favorecía el acceso al agua, sino que también se concebía para ser de fácil acceso para la comunidad. En nuestro caso está ubicado en El Cañar, una zona en la parte más baja de mi pueblo donde hay una fuente de agua potable. Actualmente el lavadero está cerrado, pero El Cañar cuenta con merenderos, bancos y un parque con sombras muy agradables en verano. Los fines de semana siempre suele haber gente comiendo y llenando agua de la fuente.

Como ya he mencionado antes, el lavadero no solo funcionaba como un lugar de uso, sino que también era un lugar de reunión social. Era un sitio en el que la comunidad, en particular las mujeres, se congregaban para interactuar mientras llevaban a cabo sus actividades cotidianas. Este factor social incide en su estructura, con zonas extensas que facilitan la reunión y la interacción.

A pesar de que el propósito era fundamental y básica, muchos lavaderos muestran detalles arquitectónicos fascinantes. Algunos incluyen componentes decorativos sencillos, tales como adornos en piedra, inscripciones o diminutas esculturas, que representan el estilo arquitectónico de la época o la zona. La sencillez y la funcionalidad generalmente se balancean con cautela en la proporción y el ritmo de los componentes de la construcción.

Hoy en día, la mayoría de estos lavaderos han abandonado su propósito inicial a causa de la modernización de las viviendas. No obstante, algunos se han preservado como legado histórico y cultural, siendo reutilizados como lugares de interés comunitario, museos o zonas de exhibición. Por lo tanto, la arquitectura del lavadero ha sido modificada para nuevas funciones, conservando su valor como reflejo de un componente esencial de la vida diaria en el pasado.